
Este 6 de agosto se cumplen 5 años de la llegada a Marte del vehículo robotizado «Curiosity», con la misión de probar ambientes pasados propicios para la vida en la superficie del planeta rojo.
«Curiosity» despegó a bordo de un cohete Atlas 5 el 26 de noviembre de 2011 y viajó a lo largo de nueve meses por el espacio, recorriendo 482 millones de kilómetros.
La exitosa llegada del rover fue todo un hito de la tecnología, condensada en siete minutos de vertiginoso descenso desde la órbita.
Durante los primeros cuatro minutos de la entrada, la fricción con la atmósfera de Marte frenó considerablemente la velocidad de una nave espacial. Pero al final de esta fase, el vehículo todavía viajaba a más de 1.600 kilómetros por hora, sólo 100 segundos antes de aterrizar. Para frenar aún más, un paracaídas se abrió para reducir la velocidad hasta alrededor de 322 kilómetros por hora.
En los últimos 90 metros para llegar al suelo, la nave usó unos retrocohetes y, finalmente, correas de sujeción que bajaron el rover a la superficie de forma suave y controlada.
El objetivo inicial era que el rover trabajara a lo largo de dos años realizando una expedición geológica en el Monte Sharp, una elevación sedimentaria en medio del cráter Gale, situado justo al sur del ecuador marciano. Tras recorrer el cráter, Curiosity se encuentra explorando la ladera del monte con sus cámaras e instrumentos de recogida y análisis química de muestras.
Este escenario se eligió por la edad del cráter, de entre 3.500 y 3.800 millones de años, el mismo periodo en el que la Tierra y el resto de los planetas del Sistema Solar fueron bombardeados de manera frecuente por meteoritos. También es la época en que Marte pudo albergar una atmósfera capaz de elevar la temperatura y permitir la presencia de agua líquida en la superficie.
Famoso por sus «selfies», el trabajo de este vehículo ha permitido saber que Marte tenía atmósfera en su juventud, se tienen datos más detallados de la radiación en el planeta -de cara a futuras misiones tripuladas-, se encontraron pruebas de la existencia de agua dulce y, además, se analizaron meteoritos y rocas que permitieron conocer mejor la historia del planeta.
YellowScan will be exhibiting at Intergeo (26-28 September 2017, Berlin) in hall 4.1, stand no. D4.050.
Miércoles 09 de Agosto del 2017 - http://www.ABC.es
En Júpiter, un gigantesco planeta gaseoso con vientos de más de 640 kilómetros por hora, una tormenta puede durar mucho más tiempo que en la Tierra. La prueba es que una formación que mide entre 3 y 3,5 veces más que el diámetro que nuestro planeta lleva al menos 300 años girando: se trata de la llamada Gran Mancha Roja.
Pero no es, ni mucho menos, la única. La nave Juno, de la NASA, ha captado una tormenta formada en el extremo meridional del polo Norte de Júpiter, y llamada Pequeño Punto Rojo Templado Norte-Norte (en inglés, NN-LRS-1), un anticiclón detectado en 1993.
Esta formación es el tercer anticiclón más grande el planeta, y mide normalmente alrededor de 6.000 kilómetros de largo. Su color varía entre el rojo y el crema, pero en esta imagen la cámara de la Juno la muestra en un rojizo pálido en la zona del núcleo donde se producen los vientos más rápidos.
En la imagen, el ecuador del planeta está la parte superior, mientras que en la inferior se encuentra el polo norte del planeta.
La imagen fue tomada el pasado 10 de julio cuando Juno estaba a una distancia de 11.444 kilómetros de Júpiter.
Miércoles 09 de Agosto del 2017 - http://www.ABC.es

La llegada del verano y la famosa operación bikini le ha recordado a muchos la necesidad de perder «peso». Pero lo cierto es que dejar de comer «pescaíto» frito solo es una forma de perder masa, esa propiedad que tiene la materia que se ve atraída por la fuerza de la gravedad. El peso es la fuerza resultante cuando esa gravedad interactúa con la masa, más o menos atiborrada de fritanga. Aunque en el lenguaje coloquial peso y masa sean lo mismo, para los científicos no es así, y por ello la masa se mide en kilogramos y el peso en newtons.
El próximo 21 de agosto la gravedad y, por lo tanto, el peso, sufrirán cambios bastantes llamativos en el planeta Tierra. Como ocurre cada 28 días, habrá una Luna nueva (fase en la que no refleja la luz de la estrella y por eso no resulta visible), y el satélite se interpondrá entre el Sol y la Tierra. Por eso, tanto el Sol como la Luna tirarán con su gravedad (más o menos en la misma dirección) de la superficie del planeta Tierra, y reducirán un poco el peso de la parte del planeta situada más cerca. Uno de los efectos es que ocurrirá una marea viva, que es aquella en la que más se nota el efecto de la Luna sobre el movimiento del mar (aquí puedes leer una explicación mucho más detallada, en inglés, de por qué la Luna causa las mareas).
Tal como ha informado la NASA, este día la Tierra estará exactamente a 151,4 millones de kilómetros del Sol, y la Luna a 365.649 kilómetros de nuestro planeta (precisamente por estar más cerca es capaz de tapar al Sol aunque sea mucho más pequeña que él).
Si ese día midiéramos la fuerza que ejerce la gravedad sobre una persona de 80 kilogramos de masa, situada en una línea imaginaria bajo el Sol y la Luna, la Ley de la Gravedad de Newton dice que la Tierra ejercería 784,1 newtons, mientras que la Luna y el Sol «tirarían» en dirección contraria con una fuerza de 0,0029 y 0,4633 newtons. Además, habría que tener en cuenta la rotación de la Tierra, puesto que esta produce una fuerza centífuga. Según la NASA, el resultado final será que una persona de 80 kilogramos se sentirá unos 48,2 gramos más ligera.
Además, en la línea formada por el Sol y la Tierra, la capa más externa de la corteza del planeta se elevará aproximadamente 40 milímetros, por término medio.
En realidad, estos cálculos deberían ser aún más complicados. El principal motivo es que la gravedad no es la misma en todas partes. Es más fuerte en algunos lugares donde se acumula más masa porque, o bien el planeta es más denso o bien se acumula un mayor grosor de corteza, como por ejemplo ocurre en el Himalaya. Esto además cambia con el tiempo, por ejemplo a causa de terremotos.
Una forma más rápida de «adelgazar» sería viajar a la Luna o a Marte. Grosso modo, allí una persona de 80 kilogramos (de masa) pesaría lo equivalente a 13,60 o 30,40 kilogramos en la Tierra, respectivamente, a causa de la baja masa de ambos mundos. Hasta que se pueda hacerlo, siempre quedarán las dietas.
Miércoles 02 de Agosto del 2017 - http://www.ABC.ES

Al comienzo de la carrera espacial, la Unión Soviética aplastó a los Estados Unidos. Solo gracias a que el presidente Eisenhower fundó la NASA y comenzó a inyectar dinero en el espacio, los norteamericanos comenzaron a recuperarse. Poco a poco, su músculo fue alumbrando cohetes cada vez más potentes.
Del Redstone, con el que Alan Shepard hizo el primer vuelo suborbital del país, se pasó al Atlas y al Titan (ambos misiles balísticos reconvertidos). Después, el gigantesco Saturn V llevó el hombre a la Luna a través del programa Apollo, gracias al trabajo del ex-nazi Wernher Von Braun. Este gigante podía llevar casi 50 toneladas de carga hasta la Luna, o 122 a la órbita próxima a la Tierra (la Estación Espacial Internacional pesa cerca de 420 toneladas), y rivalizaba con el coloso soviético N1. Por último, comenzó la era de los transbordadores, naves espaciales reutilizables capaces de enviar 27 toneladas a la órbita próxima a la Tierra, y que se dejaron de usar por causas económicas y de seguridad. (Aquí puedes ver una comparativa de los principales cohetes usados en la era espacial).
Tal como informa Universe Today, desde entonces, el músculo de Estados Unidos se ha visto debilitado. La todopoderosa NASA se ha visto obligada a confiar en los cohetes del que en otra época fuera su enemigo, Rusia, para mandar a sus astronautas al espacio. Por eso hoy en día los cohetes Soyuz (capaces de llevar siete toneladas a la órbita próxima) y los Proton (que transportan hasta 21 toneladas), ambos diseñados en los sesenta, hoy en día son la columna vertebral de las misiones a la Estación Espacial Internacional.
Un nuevo diseño de nave espacial está llamado a acabar con esta época de decadencia. Se trata del «Space Launch System» (SLS), un cohete pesado de casi 65 metros de largo (el Big Ben mide 96) que tendrá capacidad para llevar hasta la órbita cercana del planeta cargas de hasta 70 toneladas (con una potencia comparable a la de 13.400 locomotoras) cuando haya finalizado su construcción, y que más adelante podrá ser ampliado para portar mayores mercancías. Esto será clave en las futuras misiones de la NASA a la Luna y a Marte y para lanzar nuevos telescopios espaciales, robots, sondas y piezas de hábitats.
Aunque aún no se conocen cuáles serán las capacidades reales del SLS, se espera que en una próxima etapa se eleve la capacidad de carga hasta las 97,5 toneladas (en el llamado «Block 1b»). Después, la ampliación de los motores (en el «Block 2») podría llevar al SLS hasta las 143 toneladas de capacidad de carga en la órbita próxima, más que ningún otro cohete de la historia.
Pero, ¿para qué diseñar un cohete capaz de llevar cargas tan pesadas al espacio? Según la NASA, el objetivo primario es mandar humanos más allá de la órbita próxima a la Tierra. Entre los posibles destinos está Marte, en el año 2030, asteroides y la Luna.
Todo comenzará con la Misión de Exploración 1, que hará un vuelo de prueba, sin tripulantes, con un módulo Orion de transporte de pasajeros. La misión durará unas tres semanas, y está previsto que se lance en 2019. Después, si todo va bien, los astronautas embarcarán en la Misión de Exploración 2 y pasarán 21 días en el espacio.
En el reciente estudio «The Space Launch System Capabilities for Beyond Earth Missions», ingenieros de la compañía Boeing (que desarrolla el SLS), repasaron cuáles serán las capacidades que tendrá el cohete.
El SLS podrá acortar el tiempo de viaje de las misiones y llevar cargas mayores. Si la nave Cassini necesitó siete años de viaje para llegar a Saturno, el SLS podría enviar esta misión en tan solo cuatro años. El «Block 1» podría enviar 2,7 toneladas hasta allí, y el «Block 1b» 5,1.
Este cohete también podría enviar misiones para visitar los asteroides troyanos de Júpiter, un lugar donde se acumulan los restos que quedaron tras la formación del Sistema Solar. El SLS podría enviar cargas de 4 a 7,6 toneladas hasta allí.
El «Space Launch System» también sería muy útil para transportar el prototipo de módulo espacial BA-2100, un hábitat inflable cuyo diseño trata de satisfacer las necesidades de una tripulación en un viaje interplanetario y que pesa entre 65 y 100 toneladas. Una vez desplegado, este módulo tendría tres veces más espacio que el interior de la Estación Espacial Internacional.
Muchos telescopios espaciales están en el punto de Lagrange L-2, entre la Tierra y el Sol, (un lugar de equilibrio gravitatorio entre ambos). Es el caso del observatorio espacial Herschel o el futuro telescopio James Webb. Pues bien, con el SLS se podría enviar a esta zona un inmenso telescopio de hasta 37 toneladas (el James Webb pesa cerca de 6,5), lo que permitiría multiplicar la potencia de los instrumentos.
Pero no solo la NASA se está esforzando en diseñar los cohetes del futuro. Space X está desarrollando el Falcon Heavy, capaz de transportar casi 64 toneladas a la órbita próxima, y el New Glenn, de New Origin, podría alcanzar las 45. Por otra parte, Rusia ya está trabajando en su propio cohete súper pesado. La carrera espacial pasa ahora por desarrollar cohetes definitivamente mayores.
Miércoles 02 de Agosto del 2017 - http://www.ABC.ES


La Oficina de Coordinación de la Defensa Planetaria de la NASA llevará a cabo por primera vez una prueba con un asteroide real el próximo 12 de octubre, informó el martes la Universidad de Arizona (UA), participante en el proyecto.
Se trata de poner a prueba la red de observatorios y científicos que trabajan en el proyecto de defensa planetaria en todo el mundo para determinar si la Tierra está preparada para una amenaza cósmica.
El asteroide que se utilizará para la prueba será el conocido científicamente como «2012 TC4», el cual se acercará a la tierra, no más de 4.800 kilómetros, el próximo 12 de octubre, y no representa ninguna amenaza para el planeta.
La NASA ha llevado a cabo ejercicios de preparación para posibles impactos de asteroides a la tierra, pero nunca hasta ahora con asteroides reales.
Vishnu Reddy, profesor de ciencias planetarias del Laboratorio Planetario y Lunar de la UA, propuso un escenario más realista usando el «2012 TC4» y su idea fue aceptada.
Con la prueba se pretende responder a la pregunta «¿Qué tan bien estamos preparados para la próxima amenaza cósmica?», señaló Reddy en el mismo comunicado.
El objetivo del ejercicio será recuperar, rastrear y caracterizar «2012 TC4» como un objeto de impacto potencial para poder activar el sistema a partir de observaciones, modelo, predicción y comunicación.
El asteroide mide entre 30 y 100 pies de largo (9,15 y 30,5 metros), aproximadamente el mismo tamaño del asteroide que explotó sobre Chelyabinsk (Rusia) el 15 de febrero del 2013.
«Este es un esfuerzo de equipo que involucra más de una docena de observatorios, universidades y laboratorios en todo el mundo para que aprendamos colectivamente las fortalezas y limitaciones de nuestras capacidades de defensa planetaria», indicó Reddy.
Miércoles 02 de Agosto del 2017 - http://www.ABC.ES