http://ABC.es - Martes 31 de octubre del 2017
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Seis años y medio después del tsunami que provocó el accidente en la central nuclear de Fukushima, donde se fundieron tres de sus seis reactores, la radiactividad sigue deparando desagradables sorpresas. Según un estudio del Instituto Oceanográfico Woods Hole y la Universidad de Kanazawa, que publica “Proceedings of the National Academy of Sciences”, todavía queda radiación liberada por la central en 2011 en playas que están a hasta cien kilómetros.
Tras analizar ocho playas entre 2013 y 2016, los autores de la investigación han descubierto en su arena partículas radiactivas que escaparon de la planta de Fukushima 1 en 2011, como cesio 134 y cesio 137. Estas últimas pueden proceder también de los ensayos nucleares llevados a cabo en el Océano Pacífico en los años 50 y 60, pero las primeras son exclusivamente de Fukushima. Después de las fugas radiactivas que sufrió la central, donde los reactores se fundieron al averiar el tsunami sus sistemas eléctricos de refrigeración, parte del cesio liberado a la atmósfera acabó en el mar. Transportado por las corrientes, llegó a muchos kilómetros de la planta y luego las mareas lo devolvieron de nuevo a la costa, donde quedó “atrapado” en su arena.
“Pegado” a los granos de arena, el cesio ha permanecido en las playas y en los salobres subterráneos donde también había agua fresca. Pero el cesio no se queda adherido al agua salada. Por eso, cuando las olas han traído agua del mar hasta el litoral nipón, los salobres donde había agua fresca se han vuelto tan salados que han vuelto a liberar el cesio, provocando de nuevo la radiación en la atmósfera. Con tubos de uno a tres metros hundidos en la arena para extraer agua subterránea, los científicos han detectado niveles de cesio que eran diez veces mayores que los del mar en el muelle de la propia central nuclear. Además, la cantidad total de cesio retenido a un metro de profundidad en la arena es mayor que la hallada en sedimentos del lecho marino lejos de las playas.
“Nadie esperaba que los mayores niveles de cesio en el océano se encontraran hoy no en el puerto de Fukushima 1, sino en agua subterránea muchos kilómetros más abajo en la arena de las playas”, explica Virginie Sanial, investigadora del equipo citada por “Proceedings of the National Academy of Sciences”.
Para probar su teoría, los científicos han llevado a cabo en el laboratorio experimentos que demuestran que el cesio se adhiere a los granos de arena y se “despega” cuando se le vierte agua salada. “Es como si la arena actuara como una esponja que se contaminó en 2011 y solo va disminuyendo lentamente”, compara otro de los miembros del equipo, Ken Buesseler. En opinión de Virginie Sanial, “solo el tiempo eliminará lentamente el cesio de la arena a medida que se descomponga naturalmente y se lo lleve el agua del mar”.
Afortunadamente, el equipo científico cree que “nadie se ha visto expuesto ni ha bebido esas aguas, por lo que la salud pública no es motivo de preocupación aquí”. Pero los investigadores advierten de que “este nuevo y no anticipado camino para el almacenamiento y liberación de nucleidos radiactivos al océano debería ser tenido en cuenta en la gestión de zonas costeras donde hay plantas atómicas”. La advertencia es seria, ya que la mitad de las 440 centrales nucleares que hay operativas en todo el mundo se hallan en el litoral.
http://ABC.es - Viernes 06 de octubre del 2017

"Me apuesto con cualquiera una taza de café a que encontraremos vida inteligente durante los próximos 20 años". Así de convencido se ha mostrado Seth Shostak, astrónomo senior del programa SETI, en una entrevista concedida hace apenas unos días a Futurism.
El Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre lleva ya varias décadas explorando el espacio en busca de señales que revelen la presencia de civilizaciones lejanas y nos ayuden a confirmar que, de hecho, hay vida "ahí fuera".
El astrónomo reconoce que por ahora la Ciencia tiene muy poco que decir al respecto, por el simple hecho de que "aún no hemos encontrado nada". Pero considera que lo que hemos aprendido sobre el Universo durante las dos últimas décadas no es poco. Por ejemplo, comprobar que existe una gran cantidad de lugares más allá de nuestro Sistema Solar que reúnen las condiciones necesarias para albergar vida ha supuesto una gran sorpresa para todos. Y eso teniendo en cuenta que, por ahora, no hemos hecho más que arañar la superficie, con apenas unos pocos miles de planetas descubiertos, poca cosa en comparación con los miles de millones de ellos que aún quedan por descubrir.
Para este científico, estamos ya a punto de encontrar vida microbiana en nuestro propio Sistema Solar, "criaturas del mismo tipo de las que encontraríamos en los rincones de nuestra bañera. Eso es algo que ocurrirá pronto, creo que en el transcurso de nuestras vidas".
Pero eso será solo el principio. De hecho, Shostak confía en que muy pronto, durante las próximas dos décadas, lograremos además establecer contacto con formas de vida inteligente. Aunque, precisa, "establecer contacto podría no ser lo que todo el mundo imagina".
"Supongamos -prosigue el científico- que ellos están a 500 años luz de distancia. Si así fuera, escucharíamos una señal que tiene 500 años de antigüedad". Y si nosotros contestáramos, nuestra propia señal tardaría otros 500 años en llegar hasta ellos. "Es decir, que pasarían mil años antes de que volviéramos a saber algo de ellos, si es que alguna vez se recibe una respuesta".
Por supuesto, las supuestas civilizaciones alienígenas podrían estar mucho más lejos, a miles, millones o incluso miles de millones de años luz de distancia, por lo que una comunicación fluida sería del todo imposible. "Por lo tanto -concluye Shostak- no sería exactamente un contacto, aunque por lo menos sabríamos que están allí".
Otros expertos del SETI creen que lo más probable es que, en algún momento, logremos captar una transmisión. Un mensaje no necesariamente dirigido a nosotros, pero que nos regalaría una valiosísima información sobre la civilización que lo emitió. Sería como encontrar un antiguo manuscrito de una civilización desaparecida hace mucho tiempo. Aprenderíamos muchas cosas sobre esa civilización, a pesar de que dejó de existir hace cientos, o miles de años.
Como ya dijo el astrofísico y divulgador Carl Sagan, "en el sentido más profundo, la búsqueda de inteligencia extraterrestre es una búsqueda de nosotros mismos".
http://ABC.es - Viernes 06 de octubre del 2017
Nuevas observaciones de la Luna han encontrado el lugar exacto donde descansa Smart-1, la primera misión lunar de la Agencia Espacial Europea (ESA). La nave espacial fue estrellada de forma controlada contra la superficie lunar hace once años. A pesar de que en ese momento el Telescopio Canadá-Francia-Hawái captó un destello en el lado oscuro del límite entre la noche y el día en nuestro satélite, la localización exacta no había sido identificada hasta ahora. Los resultados han sido presentados en el Congreso Europeo de Ciencia Planetaria (EPSC) celebrado estos días en Riga (Letonia).
Lanzada en 2003, Smart-1, del tamaño de una lavadora, estaba destinada a elaborar mapas topográficos y establecer la composición mineralógica del satélite natural de la Tierra. Cuando su vida útil terminó, la sonda fue enviada hacia su final. «Smart-1 tuvo un aterrizaje duro y rebotó a dos kilómetros por segundo en la superficie de la Luna. No había ninguna otra nave espacial en órbita en el momento para recoger un primer plano del impacto, así que encontrar la ubicación precisa se convirtió en un 'caso sin resolver' durante más de diez años», explica Bernard Foing, científico del proyecto Smart-1 en la ESA. «En esta investigación, utilizamos todos los posibles testigos de la Tierra, hechos observacionales y modelos de computación para identificar el sitio exacto y finalmente hemos encontrado las cicatrices. Los próximos pasos serán enviar a un investigador robótico para examinar los restos del cuerpo de la nave espacial», añade.
La ubicación exacta de la nave es 34.262° sur y 46.193° oeste, consistente con las coordenadas de impacto calculadas inicialmente. El sitio de impacto fue descubierto por Phil Stooke, de la Universidad de Ontario Occidental (Canadá), utilizando imágenes de alta resolución del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) de la NASA. Las imágenes muestran un raspado lineal en la superficie, de unos cuatro metros de ancho y 20 metros de largo, que atraviesa un pequeño cráter preexistente. En el extremo opuesto, débiles líneas parecen salir disparadas hacia el sur.
«Las imágenes de alta resolución de la LRO muestran un eje blanco, de unos siete metros de diámetro, desde el primer contacto. Un canal norte-sur ha sido tallado por el cuerpo de la nave espacial , antes de su rebote. Podemos distinguir tres débiles pero distintas corrientes de eyección del impacto, de unos 40 metros de largo y separadas por ángulos de 20 grados», describe Foing.
Para Mark Burchell, profesor de la Universidad de Kent, quien realizó experimentos de impacto en su laboratorio, «es emocionante ver por primera vez las verdaderas cicatrices del impacto de Smart-1 y compararlas con los modelos y las simulaciones de laboratorio».
http://ABC.es - Septiembre 25 del 2017