La situación de altas presiones que estamos viviendo ha disparado los niveles de contaminación en las grandes ciudades por la ausencia de viento y precipitaciones. El desplazamiento del anticiclón de las Azores hacia la Península ha provocado que se hayan registrado valores máximos históricos de presión atmosférica en nuestro país. Y no parece que la situación vaya a cambiar en los próximos días, al menos hasta el próximo fin de semana, cuando se espera una irrupción de aire frío en la Península.
El fenómeno que nos afecta estos días se conoce como subsidencia, el desplazamiento de una gran masa de aire hacia el suelo dentro la atmósfera. Ese aire que desciende se comprime y se recalienta y su estabilidad inicial aumenta significativamente. Por eso hemos estamos viviendo días muy despejados y con ausencia total de viento.
Una olla a presión
En este escenario, la columna de aire sobre nuestras cabezas pesa más, ejerciendo una presión mayor y haciendo que la contaminación quede atrapada cerca de la superficie. Los contaminantes emitidos por la actividad humana (tráfico, calefacción, industrias) no se dispersan y aparece la conocida como «boina» sobre ciudades como Madrid, que ya ha empezado a tomar las primeras medidas para paliar los niveles de contaminación.
Además de aumentar la polución y provocar dolor de cabeza y oídos (por esa mayor presión sobre nuestro organismo), la subsidencia trae consigo un aumento de las nieblas y las heladas porque por la noche el aire frío, más denso y pesado, desciende desde las cumbres y se acumula en los valles.
Lluvias el fin de semana
A partir de hoy miércoles, la Agencia Estatal de Meteorología espera un aumento de la inestabilidad por la influencia de una borrasca al oeste de la Península que podría causar precipitaciones débiles en Galicia y el Cantábrico. El viernes esas precipitaciones podrían ya generalizarse al resto de la Península, siendo incluso fuertes en zonas del cuadrante suroeste.
Las temperaturas se mantendrán en valores normales para la época del año, predominando los descensos en la Península y Baleares a partir del jueves. A partir del miércoles no se descartan heladas puntuales en alta montaña en la mitad norte peninsular. En Canarias las temperaturas descenderán a partir del miércoles, hasta por lo menos el viernes.
www.abc.es Miércoles 02 de noviembre del 2016
Medio millón de personas solicitan vivir en Asgardia, la futura primera nación espacial
El impacto del módulo europeo Schiaparelli al estrellarse en Marte el pasado 19 de octubre creó un cráter de unos 50 centímetros de profundidad y 2,4 metros de diámetro. Se trata de la estimación que ha hecho la Agencia Espacial Europea (ESA) a partir de la fotografía en alta resolución que el 25 de octubre tomó la sonda de la NASA Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) de la región Meridiani Planum.
El 21 de octubre, dos días después del aterrizaje fallido de la primera fase de la misión ExoMars, la sonda orbitadora estadounidense captó con su cámara de baja resolución la zona en la que se habría producido el impacto del módulo Schiaparelli, cuyo objetivo era ensayar la tecnología necesaria para que en 2020 la ESA envíe un vehículo robótico (rover) que explore su superficie y tome muestras a dos metros de profundidad para buscar rastros de vida.
Una vez localizada el área del aterrizaje (gracias a la comparación de fotos tomadas de esa región marciana antes y después del mismo), la NASA ha procedido a fotografiar de nuevo esa zona con la cámara de alta resolución que lleva la sonda MRO.
Tanques con hidracina
Los investigadores tratan de determinar a qué corresponden las distintas marcas que se ven las imágenes. La parte más destacada es un área oscura de 15x40 metros, que es la que que se cree que sufrió el impacto. Hay un punto central, de 2,4 metros de diámetro que, según sostienen, es el cráter causado por el módulo al estrellarse. Alrededor hay otras marcas oscuras y asimétricas que, según explica la ESA en un comunicado, "son más difíciles de interpretar" y podrían estar relacionadas con la explosión de los tanques de combustible del módulo (llevaba hidracina para los retrocohetes) y que posiblemente iban llenos.
En la foto se aprecia el paracaídas de 12 metros que debía reducir la velocidad del módulo durante el descenso, la parte trasera del escudo térmico y la parte delantera.
Además de estimar el tamaño del cráter provocado por el impacto y probable explosión del módulo, de casi 600 kilogramos de peso, a partir de esas imágenes los ingenieros han calculado que la nave se precipitó a una velocidad de unos 300 kilómetros por hora (en la fase final del descenso debía ir a 3 metros por segundo o menos de 11 kilómetros por hora).