
La sonda espacial Juno comenzó este martes a girar en torno a Júpiter en una misión de 20 meses para conocer más sobre el origen del planeta más grande del Sistema Solar.
La llegada a la órbita de Júpiter fue un triunfo para el proyecto de la NASA de 1.100 millones de dólares, que espera desentrañar los misterios de este planeta "con esteroides" en el que todo es extremo, la atmósfera es tóxica y la radiación es mil veces mayor que el límite letal para un ser humano, de acuerdo con el investigador principal, Scott Bolton.
¿Cuáles son los grandes misterios sobre Júpiter?
Se cree que Júpiter, el planeta más grande de nuestro vecindario cósmico, fue el primero que se formó en el Sistema Solar. Pero, ¿cómo se formó? Los científicos todavía no lo saben.
Como el Sol, se compone principalmente de hidrógeno y helio, por lo que puede haber absorbido la mayor parte del material que quedó tras la formación del Sol.
Pero "¿se trató primero de un núcleo planetario que capturó todo ese gas gravitacionalmente, u ocurrió un colapso de la región inestable dentro de la nebulosa que provocó la formación del planeta?", se pregunta la NASA.
¿Qué espera descubrir la misión?
La misión Juno pretende mirar más allá de las nubes de Júpiter por primera vez para aprender más sobre la atmósfera del planeta.
La cantidad de agua que tiene Júpiter es también un dato clave, pues va a decir a los científicos mucho acerca de cuándo y cómo se formó el planeta.
Bolton también dijo que Juno tratará de descubrir más lunas alrededor de Júpiter, además de las 67 que ya se sabe que tiene.
También intentará saber cómo se genera el intenso campo magnético del planeta, y estudiar la formación de las auroras, las luces en el cielo que se producen por la conjunción de la energía solar y las partículas eléctricas atrapadas en el campo magnético.
¿Cómo lo va a saber?
Midiendo la cantidad de agua y amoníaco en la atmósfera de Júpiter, la sonda puede determinar si el planeta tiene un núcleo sólido, "resolviendo directamente el origen de este planeta gigante y en consecuencia del Sistema Solar", dijo la NASA.
Juno también hará mapas de los campos gravitacionales y magnéticos de Júpiter.
Juno lleva consigo nueve instrumentos científicos y también tiene una cámara que puede capturar imágenes y videos de Júpiter y sus lunas.
¿Cuáles son los riesgos de llegar tan cerca de Júpiter?
El campo magnético de Júpiter es casi 20.000 veces más potente que el de la Tierra, y el planeta está rodeado por un cinturón de radiación intensa.
Esta radiación equivale a 100 millones de Rayos X en el transcurso de un año, de acuerdo con Heidi Becker, ingeniera especializada en efectos de la radiación en el Jet Propulsión Laboratory de la NASA, en Pasadena, California, que está a cargo de la misión.
Los equipos electrónicos que lleva Juno se encuentran en el interior dentro de una bóveda de titanio para protegerlos contra este golpe de radiación.
Fuente: Martes 06 de Julio del 2016 - http://www.elmundo.es/
La estrategia de especialización inteligente (EEI) propone cinco áreas en las que Bogotá y la región deben concentrar sus esfuerzos en términos de proyectos e inversión para ganar en empleos, competitividad y calidad de vida.
La primera es ‘Bogotá, región creativa’, es decir, la producción audiovisual, de animaciones y videojuegos, así como las artes escénicas, la música, el sector editorial, el diseño y las tecnologías de la información.
Según Jorge Mario Díaz, de la Cámara de Comercio, este es un reconocimiento a “ese desarrollo dinámico de las industrias culturales y creativas de la región”. Sin embargo, para Claudia Ramírez, directora de Probogotá, estas “son actividades que se han desarrollado sin ningún tipo de apoyo particular. Hay que definir políticas claras para que la ciudad se convierta en una plataforma”.
El segundo sector es el ‘Bio Polo’, que se refiere al desarrollo de las ciencias de la vida e incluye las actividades de la química, la agroindustria y la salud.(Lea también: Crean estrategia para catapultar la economía del centro del país)
La EEI propone que estos sectores se enfoquen en el desarrollo de alimentos funcionales y autóctonos del país, la creación de productos de belleza basados en elementos naturales, los servicios avanzados de salud y la farmacogenética.
Muy cercana a esta es la tercera propuesta: la creación de un hub o centro de conocimiento que integre instituciones de educación terciaria y de investigación, para que el desarrollo que se genere en estas pueda ser usado por los sectores público y empresarial.
El hub se desarrollará en tres nichos (servicios de investigación, educación terciaria e innovación en educación) que ayudarán a sofisticar la oferta educativa y a volverla pertinente y especializada a través de los valores de la innovación: creatividad, toma de decisiones, asunción de riesgos y resolución de conflictos. Según Diana Gaviria, directora de Connect, la forma de hacer de Bogotá una capital del conocimiento es fortalecer la educación primaria y secundaria, para generar una educación superior de talla mundial. Para esto también es necesario que “el Gobierno entienda que la ciencia y la tecnología son críticos para el desarrollo, y que hay que invertir en ellos”, asegura.
Por otro lado, el área de servicios empresariales representa al sector económico en el que Bogotá es más fuerte. La EEI contempla enfocar esfuerzos para que los procesos del sector financiero sean más sofisticados; hallar nuevas formas de prestación de servicios de salud, como la telemedicina, y cerrar las brechas de competitividad entre las grandes empresas y las pymes.
Por último está ‘Ciudad región sostenible’, que, más que una fortaleza, es un reto. Pretende encontrar soluciones productivas y tecnológicas a temas tan delicados como el río Bogotá, la gestión de recursos naturales y de residuos y el transporte y la construcción ambientalmente amigables.
Para poder hacerlo, se promoverá la creación de iniciativas orientadas a desarrollar tecnologías que ayuden a reducir el impacto ambiental.
Fuente: El tiempo
BOGOTÁ|

El pasado 29 de marzo, miles de usuarios registrados del New York Times recibieron un mensaje de correo electrónico titulado ‘Introducing The New York Times en Español’. Aunque el anuncio estaba en inglés y reproducía una carta publicada en febrero, les presentaba a los lectores hispanohablantes del diario más prestigioso del mundo su nueva iniciativa para romper fronteras. Tanto la carta como el mensaje estaban firmados por ‘Lydia Polgreen, editora adjunta internacional’.
“Mi cargo es directora editorial de The New York Times Global –aclara Polgreen desde Londres, en entrevista telefónica con EL TIEMPO–, una nueva división virtual creada por el periódico para responder al crecimiento de nuestra audiencia internacional”.
Polgreen es ya una celebridad del periodismo estadounidense, pues es la arquitecta en la expansión global de la marca más reconocida en ese mercado. Sus méritos para acceder a ese rango privilegiado los construyó como corresponsal por casi diez años en Asia y África, donde fue jefe de la oficina de Johannesburgo. Por ese trabajo, el Foro Económico Mundial la nombró líder joven global, en 2007, y dos años después recibió el premio Livingston, que suele ser considerado el Pulitzer del periodismo joven, en Ann Arbor (Michigan).
Esta celebridad es también una de las invitadas de lujo del Congreso Mundial de Medios Noticiosos, organizado por la asociación de periódicos Wan-Ifra, el cual comienza este domingo en Cartagena. En la jornada de cierre, el próximo martes, Polgreen explicará cómo el diario más reconocido del mundo está expandiendo sus fronteras, incluso en idiomas diferentes al inglés.
¿Cuál es su expectativa de este congreso de medios en Cartagena?
Espero escuchar a colegas de todo el mundo sobre las grandes tendencias que se están viendo, tanto en innovación editorial como en cuanto a narrativas. Cuáles de esas tendencias tendrán impacto en nuestro trabajo, pues todos están pensando en términos de presiones económicas, y todos estamos buscando las nuevas oportunidades que crea la revolución digital. Yo pasé mucho tiempo pensando en cómo incrementar radicalmente el alcance digital del ‘New York Times’ en todo el mundo, así que espero poder intercambiar ideas con los colegas sobre cómo están buscando nuevas audiencias.
Justamente, ¿por qué lanzar una versión en español?
Si el ‘New York Times’ quiere buscar una audiencia global, debe tener presencia en algunos de los idiomas más hablados en todo el mundo. Ya tenemos una versión en chino y buscamos otras lenguas, así que hacerlo en español era una decisión obvia. De hecho, Estados Unidos es el segundo país con mayor número de hispanohablantes en el mundo. Y, en nuestro propio hemisferio, queremos construir una relación con consumidores de noticias en América Latina. Tomamos un enfoque empresarial muy ágil para construir una audiencia en este continente. No formamos una gran sala de redacción, sino que en vez de ello pensamos si podíamos reunir un equipo pequeño que pueda traducir contenido esencial del ‘New York Times’ y luego también hacer periodismo original sobre asuntos que tengan particular interés en América Latina.
Hasta ahora, parece funcionar bien; en un tiempo corto hemos construido una audiencia considerablemente grande, la respuesta de nuestros lectores ha sido tremenda y estamos felices y emocionados de cómo está funcionando.
El director editorial es mi colega Elías López, quien es venezolano, ha sido editor en el ‘Times’ por nueve años y acaba de mudarse a Ciudad de México para supervisar nuestra operación. Obviamente, queríamos a alguien con un profundo conocimiento de América Latina y cuya lengua nativa fuera el español. Yo estoy involucrada en un nivel estratégico, pero son ellos quienes trabajan en el sitio web. Hemos contratado gente a lo largo del mundo hispanohablante. Tenemos de España, de Colombia, de México, y nuestro objetivo es construir algo que se sienta auténtico para cualquiera que hable español.
¿De qué hablará en Cartagena?
Mi charla será sobre cómo el ‘New York Times’ está tratando de conectarse con los ciudadanos del mundo que son curiosos, cosmopolitas y con orientación global, sin importar en dónde vivan, y ofrecerles el periodismo más relevante, oportuno, enriquecedor y agradable que puedan encontrar. Queremos hacerlo en inglés, pero también en otros idiomas. Es un momento muy excitante para trabajar en este espacio.
Estamos tratando de llegar a todos nuestros consumidores en el mundo, primero por medio de los teléfonos celulares, que es donde ellos están consumiendo noticias e información.
Por ejemplo, hubiera sido inimaginable hace 25 años que el ‘New York Times’ construyera una audiencia significativa en América Latina, porque no circulábamos allá y no teníamos los medios para hacer llegar nuestro contenido.
Ahora tenemos esa capacidad y además tenemos herramientas de apalancamiento en los medios sociales, en particular con la ampliación que permite el ‘aprendizaje automático’ (una rama de la inteligencia artificial, llamada en inglés ‘machine learning’) para encontrar consumidores que puedan estar interesados en nuestro periodismo de alta calidad.
Reconstruyendo el ‘Times’
Hace poco más de un mes, el 20 de mayo, el editor ejecutivo del ‘New York Times’, Dean Baquet, envió un mensaje a la redacción en el que propone una transformación radical de su trabajo. El memorando, al que el prestigioso sitio web de periodismo Poynter Online aludió como ‘El ‘New York Times’ del futuro comienza a tomar forma’, pide, por ejemplo, huir del cubrimiento de registro, de las noticias que tienen todos los medios, y favorecer el periodismo de autoridad, que solo se pueda encontrar en un periódico de esa magnitud. Al respecto, Polgreen añade:
“Estamos en una pelea minuto a minuto y segundo a segundo por lograr la atención de cada persona que esté dentro del panorama de la información. Y no estamos compitiendo solamente contra las fuentes de noticias, sino contra el entretenimiento, contra Facebook, contra los sitios donde la gente puede ver diferentes tipos de información. Pienso que si queremos triunfar en este panorama, debemos ser más distintivos, duplicar la calidad, y eso es lo que nos va a hacer diferentes. Y si vas a ser serio sobre atraer a la gente a tu periodismo, este debe ser de primera categoría. Todo tipo de cosas están disponibles gratis en internet, así que si quieres lograr que la gente se convierta en suscriptora digital del ‘New York Times’, debes darle poderosas razones para hacerlo”.
El memorando de Baquet también pide “menos artículos superficiales” y “más periodismo visual”...
La proporción de nuestras piezas periodísticas que son inicialmente visuales se va a incrementar de manera sustancial. Todos sabemos que en el pasado hemos dependido del texto para contar nuestras historias, porque era un producto impreso, pero nos hemos dado cuenta de que una buena historia es una buena historia, y simplemente debemos usar las herramientas apropiadas para contarla en la forma más irresistible.
Por ejemplo, durante la crisis del ébola, uno de nuestros mejores periodistas, Ben Solomon, pasó mucho tiempo siguiendo al conductor de una ambulancia en Monrovia (Liberia). Esa historia no reemplazó ni acompañó una nota del impreso, tenía su propio ritmo y poder, fue una clásica forma de reportería del Times, solo que en otro medio. Y así ha habido muchas otras oportunidades de usar video, gráficos informativos, todas las herramientas para contar historias de la mejor manera.
¿Y sobre su modelo de negocio?
Obviamente, estamos enfrentando el reto de mantener nuestros ingresos y recibimos menos de cada lector del mundo digital que de los lectores del impreso. Pero al mismo tiempo hay muchos más lectores digitales que en nuestros impresos. Nuestro objetivo es tratar de hacer nuestra oferta tan irresistible como podamos. En 1995 teníamos 1,5 millones de suscriptores al impreso, ahora tenemos cerca de 2,5 millones de suscriptores en todos nuestros productos, incluyendo digitales e impresos. Y esperamos que ese número crezca aún más. Para nosotros, los impresos son aún una parte muy importante, pero no la única.
Si tuviera que darles un consejo a los periodistas reunidos en Cartagena, ¿cuál sería?
Lo más importante es no temerle a la tecnología. Pienso que estamos enfrentando un momento increíblemente difícil. La dependencia histórica que las empresas editoriales han tenido frente a la publicidad se está acabando. Así que tenemos que ser mucho más creativos para pensar cómo monetizar el periodismo que hacemos y asegurarnos de que se pague por él.
Para algunas organizaciones de noticias, significará pedirles directamente a sus consumidores que paguen por sus ediciones digitales, y esa es una conversación muy importante que las empresas deben comenzar a tener con sus usuarios.
Tenemos organizaciones como ‘The Guardian’, para la cual el acceso gratuito es una parte muy importante de su identidad. Pero ahora están discutiendo nuevos modelos de membresía, y sus usuarios no están pagando por el acceso, pero algunos sí pagan para sostener el tipo de periodismo que les preocupa y en el cual creen (un programa llamado ‘Guardian Supporter’, que solo ofrece a cambio periodismo independiente y un paquete de bienvenida).
Muchas organizaciones están hablando de publicidad nativa y contenido pago como formas de sostener el periodismo que hacen. Hay aspectos que deben ser discutidos en estas estrategias, como la ética, pero, en cualquier caso creo que hay formas creativas de mantener el periodismo a flote. Y solo se pueden lograr si se adoptan la tecnología y las herramientas que nos permiten diseminar el periodismo por todo el mundo, específicamente a la gente que está más interesada en él.
Al mirar las cosas desde la perspectiva del consumidor de noticias, nunca hubo tanta opción de periodismo disponible.
Finalmente, otro tema del congreso en Cartagena es la libertad de prensa. ¿Cómo percibe el estado de este tema?
La administración Obama ha sido una de las más restrictivas y, podría decirse, represiva de las libertades periodísticas. Ya sea por la búsqueda de sospechosos de filtrar información a la prensa o por el manejo de información clasificada... Obviamente, los problemas que afrontan nuestros colegas en otras partes del mundo son de mucha mayor magnitud. En Venezuela, quienes tratan de hacer reportería independiente son acosados, amenazados. En México, los que tratan de hablar del narcotráfico pueden perder su vida, así que el periodismo en general está bajo amenaza. Y esas amenazas vienen de todo tipo de lugares, incluso financieros: el periodismo independiente no puede prosperar si los periodistas no son pagados de manera justa.
Vemos muchos retos desde muchas direcciones. Y es muy importante ponernos de pie como periodistas por los principios básicos en los que creemos.
Comienza la cumbre de periodistas y editores
La 68.ª edición del Congreso Mundial de Medios Noticiosos (World News Media Congress), organizado por la asociación de periódicos Wan-Ifra, comienza este domingo en el Centro de Convenciones de Cartagena y está prevista la presencia del presidente Juan Manuel Santos. Es la primera vez que este encuentro se realiza en un país hispanohablante de Latinoamérica.
Más de 50 conferencistas y panelistas, provenientes de 20 países, discutirán temas periodísticos en tres ciclos: uno sobre los medios, otro para editores y uno sobre publicidad. EL TIEMPO estará presente en las charlas, en las cuales participarán el director, Roberto Pombo; los periodistas Jineth Bedoya y José Antonio Sánchez, y el gerente, Andrés Daniel Rojas.
Fuente: JULIO CÉSAR GUZMÁN
Editor Cultura y Entretenimiento
Todas las noches de mayo en Longyearbyen son blancas. Es 19 de mayo de2016 y el reloj marca las 7:16 de la noche. En el horizonte se ven montañas cubiertas de nieve y un sol que no se oculta. Y no lo hará. En esta parte del mundo no hay un solo minuto de oscuridad desde la última semana de abril hasta finales de agosto. Los pobladores de la ciudad más al norte del planeta tuvieron que adaptarse al sol de medianoche.
“Dormimos con tapaojos e instalamos cortinas oscuras en casa”. Quien habla es Claudia Ibarra, una colombiana que vive en Longyearbyen hace tres años. Pone la cámara de su computador frente a una de las ventanas de su casa para enseñar una parte de la ciudad. Ella, de 45 años, vive junto a su veinteañero hijo –también colombiano– y su esposo, de nacionalidad noruega.
Longyearbyen pertenece al archipiélago de Svalbard, localizado entre Noruega y el Polo Norte. Con una población cercana a los 2.100 habitantes, es la principal ciudad de esta región. Si se busca a Svalbard en un mapa, el conjunto de islas queda más cerca del Ártico que del país nórdico. Sin embargo, Noruega ejerce soberanía allí a partir de 1920 gracias a un tratado internacional.
Aunque hay otros poblados más cercanos al Ártico, Longyearbyen ostenta el título de la ciudad más al norte del mundo. La comunidad de Alert, en Canadá, es la menos apartada. Queda a 817 kilómetros del Polo Norte, pero no se le considera como pueblo o ciudad. Allí funciona una base militar canadiense y una estación meteorológica.
Incluso, en Svalbard hay dos asentamientos más hacia el norte: Ny-Ålesund, en donde se adelantan investigaciones científicas relacionadas con el medioambiente y el cambio climático, y Pyramiden, un antiguo pueblo soviético dedicado a la minería –hoy en total abandono–.
El amor llevó a Ibarra hacia Noruega en el 2010. Tres años atrás, en el 2007, conoció en internet a Viggo Antonsen, su actual esposo. Duraron cuatro meses intercambiando correos electrónicos hasta que él decidió viajar a Villavicencio, donde ella laboraba y residía. Dos años después, en el 2009, se casaron y Antonsen le propuso vivir fuera de Colombia. “Primero estuvimos en el norte del país, en el inicio del verano de 2010. Habíamos comprado una casa”, rememora.
Lo primero que la asombró fue la distancia entre su casa y las demás. “Parecían finquitas. Cada una quedaba lejos de la otra”. Los fiordos, esas estrechas salidas al océano Ártico que se forman entre las montañas, la maravillaron. “Aquí, en mi casa de Longyearbyen, hay un fiordo cerca, atrás de los montes blancos que viste en la pantalla. Es como una bahía”. En el 2013 cambió su residencia a la ciudad más al norte del mundo.
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Tres meses de luz y tres de oscuridad
El terreno donde el industrial estadounidense John Munro Longyear levantó la ciudad, hace más de 100 años, es de permafrost. Es decir, el suelo donde se erige Longyearbyen tiene una capa permanentemente congelada. Los cambios de temperatura, en especial en verano, hacen que se expanda o se contraiga, lo que provoca leves temblores cada cierto tiempo. Ibarra ya se acostumbró a ello. “Una amiga argentina, que vivió por una temporada aquí, sentía miedo cada vez que su casa se movía por los temblores. Se nos volvieron casi imperceptibles para los que llevamos más tiempo”, relata. ( Lea: Los inusuales dos grados de temperatura en el Ártico)
Por esa razón en Longyearbyen las casas y los edificios no se construyen sobre cimientos de concreto, pues el movimiento del permafrost los puede romper. En reemplazo a este material se utiliza madera traída de fuera de Svalbard, ya que en el archipiélago no crecen árboles. La estructura, las paredes, los techos y las demás partes de las viviendas también son de madera.
Pero no solo los temblores provocan el movimiento de las casas. Los fuertes vientos de la temporada alta del invierno hacen tambalear a las viviendas. La temperatura más baja en Longyearbyen en los últimos 13 meses fue de 19 grados bajo cero según el Instituto Meteorológico de Noruega (NRK). Pero los vientos provenientes del Ártico, que llegan a 83 kilómetros por hora, elevan la sensación térmica a 30 grados bajo cero.
“Tengo que salir de casa con gorro y chaqueta en diciembre y enero –los meses donde se presentan las más bajas temperaturas–. La escarcha se te pega a las pestañas, como en las caricaturas. Hace tanto frío que la saliva se podría congelar”, comenta Ibarra mientras muestra fotos suyas en una carretera de la localidad. Lleva puestas unas gafas que la protegen de la nieve.
Archivo particular |
Pese a ser vecino del Polo Norte, en Longyearbyen hay verano. O así le dicen a la temporada del año en donde la temperatura no está por debajo de 2 grados bajo cero. Por lo general ocurre entre mayo y la tercera semana de agosto. Según el NRK, la más alta temperatura que se ha registrado en los últimos 13 meses fue de 17,9 grados, tan solo 3 o 5 grados por encima del clima promedio en Bogotá (que está entre 12 y 15 grados, según el Ideam).
Tanto el invierno como el verano vienen acompañados de días enteramente oscuros o claros. Ibarra pone en frente de la pantalla de su computador una hoja con un gráfico que le sirve para explicar tal fenómeno. “Desde el inicio del solsticio de verano –la tercera semana de junio– se suman 20 minutos más de oscuridad a cada día. Es decir, al 24 de junio se le restan 20 minutos de luz solar; al 25 de junio, 40 minutos; al 26, una hora... Así hasta el 13 de noviembre”, señala.
Pero ¿por qué el 13 de noviembre? A partir de esa fecha comienzan las noches polares, días totalmente oscuros y donde los rayos del sol no se cuelan en el cielo. Duran hasta finales de enero.
En febrero, en cambio, se comienzan a sumar a los días 20 minutos más de luz. Esta simple operación matemática se hace hasta la tercera semana de abril, “cuando tenemos sol de medianoche. 24 horas con luz solar. Es por eso que son las 7:46 y el día aún está claro”. Ibarra, la colombiana, ya conoce el funcionamiento del universo que encierra Longyearbyen.
Los únicos colombianos
El consejo comunitario de Longyearbyen –la máxima autoridad– asegura que entre los cerca de 2.100 habitantes existen 40 nacionalidades, incluyendo la noruega. Por sus calles se ven pasar rusos, suecos, tailandeses (los extranjeros con mayor presencia) y filipinos.
“Debemos ser 20 latinos en total. Hay una familia chilena de siete personas, una pareja uruguaya-chilena, varias brasileñas, una venezolana que trabaja en la universidad, mi hijo y yo”, dice Ibarra, quien desde que trasladó su vida a este frío rincón del planeta cambió su apellido por el de su esposo. Ahora es Claudia Antonsen.
La cantidad de residentes extranjeros en el archipiélago ha aumentado en los últimos ocho años. De acuerdo con la Oficina de Estadísticas de Noruega, el porcentaje de ciudadanos no noruegos viviendo en Svalbard pasó de 18 a 25 entre el 2008 y lo que va del 2016. “El tratado de 1920 determinó que Svalbard es territorio extranjero, aunque Noruega ejerza soberanía. Por eso aquí nadie puede nacer, pues el bebé no tendría una nacionalidad definida”.
Archivo particular |
Antonsen y su hijo son los únicos colombianos en Svalbard. La mujer es cajera en el único supermercado de la ciudad y su pareja es conductor de una de las dos compañías de transporte de Longyearbyen. Así se ganan la vida. “Para quedarse a vivir aquí no se necesita de visado especial. Solo piden que sepas inglés, cuentes con un trabajo y tengas una casa”. De hecho, en la documentación que explica las exigencias para residir en la zona reza: “Cualquier persona que resida en Svalbard debe tener suficientes recursos económicos para financiar su permanencia”.
En un inicio, la economía de esta región estaba basada en la minería. Empresas estadounidenses, soviéticas y noruegas tenían sedes, convirtiendo a Longyearbyen en centro de sus operaciones en el extremo del hemisferio norte. Pero esta industria empezó a reducirse en la década del setenta del siglo pasado. Hoy solo quedan algunas minas y rezagos de la infraestructura.
En el presente, la mayor parte de ingresos que entran a la ciudad provienen del turismo. Quienes la visitan van porque quieren conocer el paisaje nórdico o porque son científicos interesados en aprender sobre el Ártico. La Universidad Central de Svalbard (conocida como Unis) tiene allí sus instalaciones e imparte cursos de biología, geología y geofísica ártica.
“En el verano llegan muchos cruceros. Con 200 o 300 personas. Incluso algunos arriban con más de 1.000. En esa época esto se vuelve una locura. Vendemos muchísimo en el supermercado”, relata con emoción Antonsen, pues trabajar como cajera le ha servido para conocer la cultura escandinava y mejorar su noruego, un idioma que aún no domina por completo.
Longyearbyen cuenta con hoteles de distintas categorías. Hasta la cadena estadounidense Radisson tiene uno. Si se hace una búsqueda a través de aplicaciones digitales para encontrar hospedaje, aparecen los perfiles de varios residentes ofreciendo alguna de las habitaciones de sus casas. Por ejemplo, un hombre identificado como David publicó en Airbnb que renta un dormitorio con calefacción e internet inalámbrico por 258.000 pesos la noche.
“Hay turistas que solo vienen a conocer el ‘granero de la Tierra’. Yo entré una vez, pero no me permitieron tomar fotos”. Ella hace referencia a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, el mayor banco de granos del mundo. Funciona desde el 2008 y en este se guardan más de 860.000 especies de semillas procedentes de los seis continentes. La idea, impulsada por el gobierno de Noruega, es asegurarse de que en el futuro haya alimentos y evitar terribles hambrunas. Un arca de Noé moderna en medio de un desierto ártico.
Nadie muere aquí
A Longyearbyen se llega por vía marítima o aérea. El aeropuerto de la ciudad recibe un vuelo a diario. En el verano, si las condiciones climáticas lo permiten, la frecuencia aumenta a tres. Todo lo que ingresa a esta región lo hace o por barco o por avión: las personas, la comida, la ropa, los electrodomésticos, la madera, los esquís, los carros, las motos de nieve…
“Aquí la carne de reno y de foca se consiguen fácil y a precios bajos, pero los alimentos que traen de otras partes, como la carne de res, las frutas y las verduras, son costosos”, cuenta Antonsen. En contraste, el alcohol y el tabaco son económicos. Están libres de impuestos. “Sale más barato tomarse un trago de tequila que un litro de leche”.
Es por eso que los habitantes de Longyearbyen no tienen la necesidad de buscar leña o comida fuera de la ciudad. Sin embargo, un habitual plan es recorrer las zonas aledañas para ver los fiordos, la fauna del Ártico o las auroras boreales. Solo hay una recomendación: tener cuidado con los osos polares.
“Por seguridad, debes andar con un arma si te alejas de aquí. Aunque esa medida es contradictoria, porque te multan si llegas a matar a un oso polar”. En la entrada del único supermercado de Longyearbyen hay un letrero que dice “Prohibido ingresar con armas” junto a un armario donde los clientes las guardan mientras hacen las compras.
En caso de que un residente sea atacado de gravedad por un oso o sufra de una enfermedad terminal, este solo recibirá la atención primaria. La ciudad tiene un centro médico equipado con lo necesario para responder a emergencias, pero no para practicar cirugías o seguir tratamientos. Por tal motivo, los enfermos son remitidos a hospitales de Noruega continental.
La muerte tampoco se atiende en Longyearbyen. En el suelo está prohibido enterrar cuerpos. “El permafrost conserva los cadáveres y los virus que estos tengan”. Cuenta la historia local que varias personas murieron a inicios del siglo XX a causa de la influenza y fueron sepultadas en el archipiélago. Al cabo de los años, científicos hallaron algunos de esos cuerpos y encontraron restos de la enfermedad. “El que se muere es llevado al lugar de nacimiento”.
Claudia Ibarra (o Antonsen) dice que permanecerá en Longyearbyen el resto de su vida. Seguirá trabajando en el supermercado, tratando de perfeccionar su noruego y recorriendo Svalbard junto a Viggo. Extraña a Colombia, en especial a su familia, pero su presente y futuro se encuentran en la urbe más al norte del mundo.
“En mi caso, cuando muera me enterrarán en Noruega, porque ya soy residente del país”, apunta.
Fuente: JOSÉ DARÍO PUENTES RAMOS
ELTIEMPO.COM
jospue@eltiempo.com
En Twitter: @josedapuentes
La Luna, tradicional compañera del planeta Tierra por más de cuatro mil millones de años, podría no ser el único satélite natural que nos orbita, según informa The Daily Mail. Los astrónomos lograron detectar la presencia de un objeto, próximo a la Tierra, que también demora un año terrestre en completar una vuelta alrededor del Sol.
Se trata del asteroide bautizado como '2014 OL339', que orbita al Sol, aunque, con sus 200 metros de diámetro, se encuentra lo suficientemente cerca de nuestro planeta como para semejarse a un satélite natural.

Fue hallado accidentalmente por el astrónomo Farid Char, de la Universidad chilena de Antofagasta, a mediados de este año y, desde entonces, fue objeto de estudio para los hermanos Carlos y Raúl de la Fuente Marcos, expertos de la Universidad Complutense de Madrid, en España.
Según precisaron los estudiosos, este "nuevo compañero de viaje alrededor del Sol" ha permanecido cerca de la órbita terrestre durante los últimos 775 años y lo hará otros 165 años más.
La Tierra y el asteroide ejercen influencias gravitacionales mutuas entre sí, estableciendo lo que se denomina como órbitas resonantes, estrechamente relacionadas.

Fuente: Martes 28 de junio del 2016 - The Daily Mail/