Mientras el Concejo de Bogotá se opuso este lunes a que la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) se venda porque "no está en el mejor momento" y dijo que se deben buscar otras alternativas, el presidente de la compañía, Fernando Carrizosa, respondió de manera tajante: "Hay que venderla, porque, definitivamente, esa es la mejor opción".
Carrizosa subrayó que "mientras la venta sea lo más rápido posible, mejor le irá a la empresa y a la ciudad".
En un debate sobre el tema, realizado este lunes en la Comisión de Hacienda del Concejo, Carrizosa sostuvo que "sí hay gente interesada en la compra de la ETB". No dijo quiénes. "Es información confidencial", declaró.
La venta de la ETB sería un proceso que no se presentaría a consideración del Concejo, aclaró Crrizosa. La razón es que la operadora utilizaría la figura de la enajenación -que la corporación aprobó en 1998- y cuyo proceso obliga a la empresa a ofrecer la venta de acciones primero al sector solidario y después sí al público.
En el debate intervinieron, entre otros, los concejales liberales Jorge Durán Silva y Jorge Salamanca, quienes expresaron que el futuro de la ETB es "incierto y oscuro", porque no tiene un plan B de capitalización, sus recursos son limitados para competir, los resultados financieros son negativos y registra una acción que, en cuatro meses, cayó de 1.090 pesos a 589.
Fernando Rojas y Jaime Caicedo, concejales del Polo -el mismo partido del alcalde Samuel Moreno- manifestaron que la ETB se convirtió en "una fábrica de contratos" de las entidades del Distrito, que "es deficiente" en su gestión para recuperar el control de la operación, perdió el liderazgo en su plan bandera Internet y "no ha tenido una buena gerencia para posicionar sus productos en el mercado".
Clara Sandoval, de 'la U', apuntó que la ETB, como va, "dejará de ser competitiva".
Por otro lado, el concejal Javier Palacio, de la U, reiteró su denuncia sobre la supuesta 'copialina' en los términos de referencia de la licitación para adjudicar la primera fase de la semaforización de Bogotá.
Según él, el proceso "está orientado a favorecer una firma española. Para eso, viajaron funcionarios de la ETB a España". Carrizosa se contrarió y dijo: "Meto las manos en el fuego por la honestidad de mis funcionarios y la mía".
El espíritu de parís, 1989. Ingreso Museo del Louvre en París. La pirámide de cristal y aluminio es diseño del arquitecto Ieoh Ming Pei
Se puede aludir al catálogo de excusas y pretextos para disculparnos de no asistir a los museos, pero no serán válidos, ahora están a la distancia de su pantalla
"A mí me dicen el "Profe’, pero ¡qué va!, yo no he estudiadoâ€, dice Adolfo Páez Colmenares, un hombre de 46 años que conserva la hiperactividad de un niño que desde los 7 años ha ligado batallas con alfiles, torres y damas en un tablero de ajedrez.
Empinado para ver por encima de los hombros de sus compañeros, en el Colegio aprendió los "mates’ de más destreza: pastor, filidor, legal y loco.
Nunca supo de ligas: su competencia era con los jugadores de la calle, que sacaban de debajo de su brazo un destartalado tablero. "Mi papá me daba unas muendas porque no llegaba a la casaâ€.
Ya en bachillerato, Adolfo consultaba revistas especializadas para hacerse un "duro†en la materia. "Luego, me casé. Esa relación no funcionó, pero quedaron mis dos hijas, que son el futuro del ajedrez en Colombiaâ€, dijo mostrando orgulloso una foto de Brigitte y Natalia.
Para ese entonces había un sueño que lo motivaba más. "Como luego de la separación yo me hice cargo de mis hijas, empecé a luchar para que estudiaran ajedrezâ€. Así, logró que sus hijas participaran en torneos distritales, Panamericanos, sacando fuerzas para distraerles el hambre a sus pequeñas y luchando para conseguir para los pasajes. "Al Continental de Cali no pudimos ir porque tenía lo de los tiquetes pero no para el hotel. Costaba como 30 mil la noche, ¿qué tal?â€, dijo apesadumbrado.
Adolfo terminó por trabajar como vendedor informal y, en el gobierno de Luis Eduardo Garzón, firmó un pacto. "Tenía permiso para vender en la carrera 10a. con calle 16 y ahí puse mis primeros tablerosâ€.
Dice que supo que en Nueva York hacían torneos en la calle y ahí pensó que no era descabellado hacer lo mismo en Bogotá. " Esto es sano y activa la mente. Por eso puse mis tableros en la carrera Séptima con calle 19â€, dijo.
Increíblemente, en ese punto de la ciudad, en medio del ruido del tráfico y un local de juego de videos, Adolfo logra que sus jugadores frunzan el ceño y encuentren la concentración necesaria para hacer "jaque mate’ y le queda tiempo para enseñarles novedades a sus hijas y hasta para prepararles el almuerzo.
Adolfo dice que tiene un ELO (fuerza relativa de los jugadores) de 1830. "El mínimo es de 1300, el grande es de 2800 y yo tengo 1830, pero quiero llegar a ser profesor, tener una escuela: ese es mi sueño y que alguien patrocine a mis hijas. Ellas son ¡buenas, buenas!â€.
Esa es la historia de los cuatro tableros de ajedrez sobre el andén de la Séptima. Viejos, jóvenes y niños se toman un tiempo de su agitada vida en la ciudad para pensar cómo hacerle el "mate’ a su contrincante sin un milímetro de violencia, en un sector donde pululan los delitos de toda índole.
'' Jugar ajedrez es sano, activa la mente y no le hace daño a nadie. Por eso puse mis tableros en la carrera Séptima con calle 19 .
Adolfo Páez (de rayas, en el centro) es ajedrecista y vendedor
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Fuente: - Eltiempo.com
Video: City tv